Ya sea por su estética, su especial construcción o su sonido, la Firebird de Gibson es una de esas guitarra “con carácter”.
Quizás lo más llamativo del instrumento, aparte de su estética, sea la construcción del mástil neck thru. Al menos debió serlo allá por el 63 cuando vio por primera vez la luz.
El cuerpo lo forman dos enormes alas de caoba, de menor grosor que la pieza del mástil, y encoladas a éste.
Otros detalles que la hacen “distinta” son la enorme pala invertida, las cómodas clavijas de tipo banjo, ancladas perpendicularmente a la pala y la combinación de varias capas de nogal y caoba en el mástil.
En el apartado sonoro también es una guitarra especial. Monta dos pastillas de tipo mini-humbucker que proporcionan una dulzura muy personal no exenta de cierto carácter twangoso y brillante La construcción a través del cuerpo hace que el ataque sea un poquito blando, pero también aporta un sustain muy considerable al conjunto.
Aunque es una guitarra bastante versátil, creo que es inmejorable para atacar amplis clásicos con un punto de crunch a medio gain, rollo rock sureño, etc. De esa manera, la guitarra gruñe sin problemas sin dejar que se pierdan o solapen los matices del sonido “Firebird”.
Por último, añadir que no es un diseño ganador ergonómicamente hablando, pues es cabezona, extra grande, pesada y, a la vista está, pintoresca y exótica, lo que puede no ser del agrado de muchos guitarristas
Personalmente creo que es una guitarra distinta, con carácter propio. Por eso me gusta.